lunes, 10 de diciembre de 2012

Es increíble como en un día aparentemente normal, cuando simplemente te limitas a seguir tu vida, puede venir alguien y decir: ¡Ey! ¿Qué te pasa? y cambiarte la vida completamente... es estraño, pero también reconfortante. La vida sigue, y de alguna manera aprendes a seguirla tal y como ella también te sigue a ti, con seguridad, con paciencia, con ternura, agradecida... la vida te pide un paso más, un empujón, un último esfuerzo...
Hice caso a lo que me pidió la vida, y ella supo rencompensarme. Un día aparentemente normal, sí, cuando te limitas a seguir tu vida.
Hace días que dejé de pensarte, bien porque te voy a querer siempre y ni siquiera lo sé, o bien porque dejaste de importarme. Una vez me dijiste: espero que le sonrías a todo, y que todo te devuelva la sonrisa. Antes despertaba con esa frase en la cabeza...  y ahora siento pena de mí misma porque sigo recordándola. Vivo por y para ti, siempre lo hice, pero ya no eres tú, ya no.

Siento tanto todo el daño, todo el dolor, la preocupación, las letras perdidas, los lloros, incluso las sonrisas... siento haber sentido tanto y haber querido poco.
Esta vez no voy a sentirme culpable, que mi corazón siga moviéndose no es un error, no.

Quiero ser feliz, que la vida me sonría, y que ella me devuelva la sonrisa. Ha sido muy largo el olvido, y ¿sabes que? Soy muy feliz, lo soy. Quien sabe, un día aparentemente normal y, cuando te limitas a seguir tu vida, llega otra persona.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Tienes cinco sonrisas.

Vaya, ya hace bastante tiempo que no paso por aquí. Quizás porque he estado ocupada pensando en mis cosas... y tú dirás: Qué cosas? pues cosas de tontos déjame son mis cosas! En fin, que no he pasado porque no me ha dado la gana.
No venga en serio. Es que tenía ganas de escribir, y ya me hacía falta escribir algo alegre hombre... que sí, que en mi vida también hay sonrisas. Pero no de esas normales, de las bonitas, las que te alegran el día, las que vienen de personas que te importan y a las que quieres. Esas son las buenas.
Quizás tenga razón, o quizás simplemente sea mi opinión, lo que sé es que es bonito saberlo. Y si tienes paciencia, al final acabas contando las sonrisas de alguien, las analizas, las exprimes, las observas detenidamente, y es cuando te das cuenta del valor que tienen las sonrisas, y de lo que pueden llegar a conseguir. Tú tienes cinco sonrisas, sí, el otro día las conté. Todas parecen iguales a simple vista, pero yo sé que no. Lo importante es que ya sea la segunda, la tercera o cualquiera de las cinco, nunca dejes de usarlas.


sábado, 31 de marzo de 2012

La más bonita sensación

Ayer puse el volumen al máximo, apagué la luz y rendí a llorar. Es la sensación que más me relaja, la que hace que todo parezca fácil. Recordé cosas bonitas y cosas difíciles de olvidar, aún así me quité un gran peso de encima, gritar con un cojín en la cara fue un valioso descubrimiento para mí.
Ese gran peso a veces me deja sin habla, sin conciencia y otras hace que tenga más ganas de luchar, y que en vez de sacar fuerzas las tenga que fabricar, que me sienta útil. Pero sé que no podré llegar a valorar eso.
Nunca deseaste no estar en mi situación porque nunca te dije cuál era, porque para eso debería confesar algo que nunca voy a confesar. Algo que quiero arreglar, algo de lo que todavía sigo pensando la solución.
Odio quedarme atrapada en todo esto.


miércoles, 22 de febrero de 2012

Valorar las cosas pequeñas

Es difícil explicar algo cuando se trata de lo que sientes en realidad y no sabes como poner ejemplos o como ser lógico y coherente porque nadie nos va a entender tal y como nos entendemos a nosotros mismos, pero cuando crees que nada tiene el sentido que debería tener y que no estás totalmente a gusto con lo que estás haciendo o con lo que dejas de hacer, te paras a pensar en muchas cosas, en muchas preguntas que intentas responder y que quizás, sea una tontería hacerse, pero te preocupan de verdad, porque son las que realmente te importan.
En una persona tan negativa como yo es dificil encontrar una respuesta y ser equilibrada en ese sentido, pero hay veces, en las que estás tan frustrada que no tomas en cuenta a los que te rodean. Eso, eso sí que duele. Y me siento mal por todo ello.
Tal vez sea otro de los muchos errores, o tal vez seguiré siendo así de imbécil durante toda mi vida.