sábado, 23 de julio de 2016

Cielos

Como puede ser que dos personas desconocidas se encuentren, justo en un día cualquiera y sin tener previsto con anterioridad el mas mínimo desastre, la verdad es que no había nada que perder, o que les hiciera perder. Se limitaron a tener un poco de cortesía, junto con otra buena parte de curiosidad y una pizca de picardía. Podría parecer extraño que se vieran por primera vez, se saluden y sientan cada uno al mismo tiempo y por separado lo mismo que siente el otro. Ella con sentimientos encontrados, entre el despecho y la necesidad constante de cariño, entre el miedo y la valentía, a veces con el rabo entre las piernas y otras, la mayoría, a punto de alcanzar el cielo. Sin saber que ese mismo día estaba un paso más cerca de tocarlo, exactamente a medio metro y rozándole la mano en cada paso en falso intencionado. Y aun con dudas sobre si apartarse la mejor opción siempre fue dejarse llevar, la mejor manera de liberar sus mariposas. "Quizás no le gusten mis labios rojos", pensó. Y se rozó los labios con la mano y sonriendo, como si estuviera atenta de lo que su cielo le decía mientras intentaba que su prisa por quitarse la superficialidad no se notara. Debía formular una pregunta rápido y lo bastante interesante como para hacer creer que su punto de atención era otro a parte de sus ojos, lo que no había visto nunca, cosas intensas, parecidas a un mar enfurecido o a un silencio perturbador, tenía la ternura en los ojos. Se sintió sorprendida sabiendo llevar su observación junto con la escucha desenfrenada. Escuchó los sueños de alguien desconocido sin cansarse lo más mínimo, deseando que siguiera para saber sus metas, sus inquietudes, su día a día, su color favorito, o su deporte... ¡como no! Ella vio su interior y lo más profundo de alguien que se deja ver, y eso es lo más bonito que le puedes ofrecer a alguien, la confianza absoluta que pones en ella contándole las caídas que sufriste, abriendo tu corazón a quien no conoces se demuestra más valentía que saltando desde un avión o desde cualquier parte, dándole la libertad de hacer lo que quiera con ello. Entonces fue cuando se sintió la chica más afortunada del mundo. Y se dio cuenta de que el amor puede ser lo peor que te pueda pasar, y también lo mejor. Que puede hacerte ser la persona que te gusta ser y también puede convertirte en alguien a quien odias. Puede romper barreras o construirlas, puede hacer perder el miedo, la noción, el tiempo, incluso la noción del tiempo, puede hacerte daño o hacerte bien, puede ser tu ruina, destruirte, y después crearte de nuevo.

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