viernes, 26 de abril de 2013

La vida sin mí sería más fácil.

No sé dónde estaré dentro de un par de años, ni siquiera sé dónde estaré dentro de media hora, las horas pasan tan rápido que es difícil prever si algún día decidiré hacer planes, tomar decisiones o actuar cuando se exige algo de mí. Se está bien con los pensamientos aparte, pero el problema llega cuando no eres tú el que decide cuándo pensar, sino que viene alguien y te lo pide sin darte explicaciones, sin avisar y sin haber firmado en ninguna parte, como si hubiera decidido participar en tu vida sin importarle lo que pienses, o como si quisiera cambiarte y hacerte ver las cosas de otra manera, como si te conociera y supiera que es lo que necesitas y lo que te viene bien.

Ahora todo se me hace tan cuesta arriba... no me obligues a esforzarme por darte algo que no tengo, fuerzas, porque odio cuando me pides algo de lo que estoy vacía, cuando me exiges cosas de las que no soy consciente y pierdo el ritmo de todo, me convierto en algo que saca lo peor de mí.

No soy víctima de nadie ni de nada, sólo soy víctima de mí misma, y me odio por pedirme cosas que no soy capaz de afrontar. En el fondo reconocí hace tiempo mi valía, o al menos la poca que tenía... pero poco a poco voy perdiendo el pequeño entusiasmo que sacaba lo mejor de mí y hacía que todo fuera fácil. Por eso digo que no sé dónde estaré dentro de un tiempo, porque me he convertido en una persona tan ignorante, que la parte donde están las cosas buenas se las ha comido  alguien. Porque estoy tan perdida que mi mejor opción es seguir perdiéndome hasta que encuentre otro camino que al menos se le parezca. Y porque mi vida ha cambiado tanto, que me doy cuenta de lo feliz que era cuando lo negaba. Y era capaz de negarlo.

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