lunes, 10 de diciembre de 2012

Es increíble como en un día aparentemente normal, cuando simplemente te limitas a seguir tu vida, puede venir alguien y decir: ¡Ey! ¿Qué te pasa? y cambiarte la vida completamente... es estraño, pero también reconfortante. La vida sigue, y de alguna manera aprendes a seguirla tal y como ella también te sigue a ti, con seguridad, con paciencia, con ternura, agradecida... la vida te pide un paso más, un empujón, un último esfuerzo...
Hice caso a lo que me pidió la vida, y ella supo rencompensarme. Un día aparentemente normal, sí, cuando te limitas a seguir tu vida.
Hace días que dejé de pensarte, bien porque te voy a querer siempre y ni siquiera lo sé, o bien porque dejaste de importarme. Una vez me dijiste: espero que le sonrías a todo, y que todo te devuelva la sonrisa. Antes despertaba con esa frase en la cabeza...  y ahora siento pena de mí misma porque sigo recordándola. Vivo por y para ti, siempre lo hice, pero ya no eres tú, ya no.

Siento tanto todo el daño, todo el dolor, la preocupación, las letras perdidas, los lloros, incluso las sonrisas... siento haber sentido tanto y haber querido poco.
Esta vez no voy a sentirme culpable, que mi corazón siga moviéndose no es un error, no.

Quiero ser feliz, que la vida me sonría, y que ella me devuelva la sonrisa. Ha sido muy largo el olvido, y ¿sabes que? Soy muy feliz, lo soy. Quien sabe, un día aparentemente normal y, cuando te limitas a seguir tu vida, llega otra persona.

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